O LA CAPACIDAD DE ABSORVER DE LA CULTURA DOMINANTE
Los sellos Vinilissimo y Munster han recuparado Las Canciones Malditas, el único LP de Kaka de Luxe (Olvido Gara, Nacho Canut, Fernando Márquez, Enrique Sierra y Carlos Berlanga), publicado por El Fantasma del Paraíso en 1983, Y no es por capricho que lo mencionamos en este blog. Estas canciones significaron un puñado de cosas, entre otras la introducción de las nuevas tendencias que azotaban las calles de medio mundo y que, en suelo patrio, acarrearían el nacimiento de nueva estética que evolucionaría hacia los grupos de que conformarian buena parte de la escena Pop. De Kaka de Luxe nacerían Radio Futura o Alaska y los Pegamoides, que aparecerían en TVE con La Bola de Cristal. Así, también, Las Canciones Malditas se convierten en un claro ejemplo de cómo las anhelos de las clases subalternas, o underground, se pasan a ser absorbidos por la cultura dominante. Pero este es otro tema.
El Embrión
Como todo el mundo sabe, cuando todavía no eran Kaka de Luxe, el grupo se empapaban de todo lo nuevo que venía del Reino Unido, donde se gestaba veloz toda una corriente anti-sitema, del que los Sex Pistols serian un eminente ejemplo. Plasmaban la nueva actitud las 11 canciones del LP: Toca el pito, Viva el metro, La pluma eléctrica, Pero que público más tonto tengo, Pero me aburro, La tentación, Pondré mil voltios en tu lengua, La alegría de vivir, Borracho no se puede conducir, ¿Y porque no?, Música para embrollar.

Todas las críticas coinciden en que no sabían tocar, ni cantar, pero que canalizaron las ganas de divertirse, de acabar con la rigidez y la censura de la época tardo-franquista, de buena parte de la juventud, esto, hacer estallar y burlarse de la cultura establecida. La misma portada del álbum rebosa intenciones: tipografía a lo The Adicts inclasificable, de colores muy vivos, enmarcando las siluetas negras de los miembros del grupo, y al fondo, cuadro oscuro emulando las meninas de Velázquez. Toma ya.
La creación artística como reflejo de la sociedad
Nuestros ancestros de posguerra vibraban la canción de La Vaca Lechera, de Jacabo Morcillo, al conectar directamente con su hambruna. A finales de los años 70, el estado español se escapaba del hambre endémica y de una dictadura que había reprimido cualquier halo de libertad. Los años 70 también fueron de crisis económica mundial (no en vano también nacían otras corrientes anti-sistema como el hip hop. El punk caló fuerte en la juventud española, con unos niveles alarmantes de paro y deseosa de reírse de la vieja dictadura y de los señoritos representantes de la vieja oligarquía. A final de los 80, en plena época industrial y superada la crisis, el tecno respondía a una sociedad, demasiado feliz para melodías o palabrería, y que quiere divertirse porque sí. (Periferia tiene su representante en el sello Regular Label). También hacia ahí evolucionarían más tarde Olvido Gara y Nacho Canut, con Fangoria.
El punk, La Vaca Lechera, o el tecno demuestran que hay algo maravilloso que conecta la música con el resto del mundo, que es la creación como expresión artística el reflejo de una época. Funcionaría como en el triángulo relacional comentado en un post anterior, pero al revés: la sociedad (cliente) demanda (aunque ella no sea consciente) y los diseñadores (creadores) lo interpretan, y venden el producto a través de un comercial (digamos que el propio disco).
Algunas críticas.
La Fonoteca
POTQ
Culturas. La Vanguardia: KK DE LUXE
Las canciones malditas
de Munster records.
El Embrión
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