
A los que nos dedicamos a esto del diseño nos contratan para que resolvamos discursos e ideas mediante lenguaje visual. Coloquialmente hablando, eso suele significar que nuestros clientes quieren que generemos gráficos atractivos que permitan perseguir objetivos comerciales, canalizar deseos y expresar intenciones. Se da por hecho que debemos “dibujar” bien, entender como mínimo las bases que rigen el lenguaje visual y generar soluciones mediante las diversas herramientas de diseño presentes en el mercado.
La pregunta que lanzo es ¿se da también por hecho que somos buenos comunicadores? O mejor dicho ¿es suficiente con “dibujar bien” o nuestra labor como diseñadores debería llevar implícito un conocimiento sobre comunicación más global?
La etimología de la palabra “gráfico” deriva del vocablo griego “graphé”, que significa “escritura”. La grafía es el modo de escribir o representar visualmente los sonidos. Como sufijo (-grafía) significa descripción, tratado, escritura o representación gráfica. De esta manera, remitiéndonos al orígen del concepto, los gráficos tienen como objetivo traducir nuestra comunicación oral (primero) y representación escrita (después).
Como diseñadores gráficos no podemos abstraernos de la idea de que, antes de proyectar un elemento visual, debemos conocer lo mejor posible los mecanismos del lenguaje, como herramienta humana global. Empezando por los gestos, pasando por el lenguaje escrito y modulándose después a través de las cada vez más variadas disciplinas gráficas.
Toda este reflexión viene a tenor de que uno de los puntos críticos a los que nos enfrentamos cada día es el hecho de tener que gestionar eficazmente la comunicacion “no-gráfica”, con nuestros clientes y colaboradores. Nos damos cuenta de que hay que dedicar una porción cada vez mayor de nuestro tiempo a planificar, explicar y sugerir en las fases previas al trabajo gráfico.
Esto no sólo tiene que ver con la relación con nuestros clientes, en la que suele intervenir un briefing, sino a la comunicación entre el propio equipo creativo, o incluso con uno mismo, en el caso del diseñador autónomo. Articular bien nuestros objetivos y nuestro discurso, planificar y proyectar son actitudes que no deberían resultar prescindibles en ningún caso. Un diseño puede tener sus fallos y seguir comunicando ideas. Pero si el discurso de fondo falla, la acción de diseño perderá todo sentido.

¿Qué hábitos y herramientas podemos integrar para mejorar esos procesos de comunicación previa?
- Briefing: los diseñadores hablamos mucho de briefings, pero ¿cómo los utilizamos? El briefing no es un trámite para tomar nota de lo que pide el cliente, sino el espacio de diálogo donde se cuece el discurso al que debemos dar forma. Cuanto más corramos para acabar este punto, más lentos iremos en el proceso de diseño, así que merece la pena prestarle espacio suficiente.
- Reflexiones post-briefing: Una vez hacemos el briefing con nuestro cliente, toca leerlo y revisarlo, antes de ponerse a trabajar. Es la fase donde el equipo creativo comparte sus impresiones y siempre aparecen nuevas preguntas y lagunas. Merece la pena tener previsto este espacio de tiempo en el que el diseñador reflexiona sobre la información recibida y puede sugerir nuevas preguntas y replanteamientos. Esto nos permite crear el conocido contra-briefing, en el que volvemos a hablar con el cliente. Habitualmente el cliente suele agradecer mucho esta parte del proceso, ya que evidencia que el diseñador o la agencia están realmente involucrados e interesados en aportar valor al proyecto.
- Valoración de propuestas: Vale, nos hemos puesto de acuerdo con nuestro cliente en lo que queremos comunicar y pasamos la fase de generar material gráfico. A veces olvidamos que muchos clientes no tienen el mismo vocabulario gráfico que nosotros y nos frustramos ante sus reacciones a nuestro trabajo. Pero es vital mirar más allá y detectar qué es lo que el cliente quiere decirnos y qué necesita aportar. Es interesante habilitar canales o herramientas cómodas que permitan al cliente intervenir directamente: a veces basta con tener un canal como Skype o Messenger abierto, para dialogar; otras veces podemos trabajar en base a un PDF en el que ir insertando notas compartidas; incluso podemos usar Google Docs para compartir un documento del proceso creativo. Lo cierto es que cada día disponemos de más canales para hacer estas gestiones, muchos de ellos gratuitos.
- Contrastar resultados con objetivos: Esto puede ser tan formal como una memoria, en la que el diseñador/estudio justifica el porque de las decisiones de diseño adoptadas, o tan informal como una conversación telefónica. Pero es interesante que cliente y equipo de diseño afirmen su conformidad y vean justificadas las decisiones adoptadas en relación a los objetivos. Tras la acción realizada será el momento de valorar en qué medida se cumplieron los objetivos, para reformular lo que haga falta en futuros proyectos.
Como puede verse, el diseño gráfico, entendido como el trabajo técnico-visual, sólo es una parte de lo que acabamos de comentar. Una parte muy importante, claro, pero sólo una condensación de todo el esfuerzo realizado durante el diálogo entre los diferentes interventores en el proceso de diseño. No cabe duda que trabajar constantemente en la mejora de nuestra comunicación “no-gráfica” sólo puede aportar valor a nuestro trabajo, hacerlo más efectivo y ayudarnos a establecer relaciones sólidas con nuestros clientes.
Tags: briefing, comunicacion, Reflexiones, relacion con el cliente
[...] This post was mentioned on Twitter by Periferia design. Periferia design said: La importancia de comunicarnos antes de diseñar. Nuevo post: http://bit.ly/blBTed [...]
Interesantísimas reflexiones y cuestiones. Flujos de trabajo que a diario observo en vuestro día a día.
En mi experiencia aún limitada cómo fotógrafo profesional, estos mecanismos previos y posteriores a la sesión fotográfica en sí cobran cada vez más importancia. Ya en mis inicios, cuando reflexionaba sobre las bases de mi proyecto profesional, la comunicación con el cliente se erigía cómo aspecto determinante en el resultado final: la fotografía digital abría las puertas de la creatividad y la exigencia al gran público. Lejos de banalizar este arte, su generalización trasladó el potencial creativo hacia nuevos hitos. El cliente sabe lo que quiere, nosotros debemos catalizar y gestionar su inquietud creativa apoyados en un mayor conocimiento técnico y, sobretodo, en nuestra capacidad profesional para saber entender/dialogar sus espectativas y transformarlas en ideas tangibles que posteriormente perseguiremos cámara en mano.
Mi visión positivista argumenta que hoy en día el cliente potencial posee una cultura fotográfica superior: tal vez no conozca los mecanismos técnicos y/o creativos a fondo, pero posee una inquietud claramente mayor por participar en el proceso fotográfico. Por eso todas las herramientas comunicativas deben ser bienvenidas.
El tiempo de la arrogancia profesional pasó.
Cierto, a veces lo que único que separa al cliente de los resultados que necesita es una mera cuestión técnica. En ese caso, el diálogo, la receptividad mútua y los mecanismos que establecemos para la valoración de muestras son vitales para no perder el tiempo.
Ha quedado un post seriote pero riguroso. Todo lo que has comentado tiene mucho sentido para cualquier persona del sector. Me gusta que te hayas enfocado cada vez más hacia esa comunicación no-visual que describes, un factor en el que todavía tengo muuucho que mejorar y aprender, y que suele ser olvidado por demasiados.
R.
Me alegro de que os haya gustado, chicos. Lo cierto es que he procurado volcar lo que solemos aplicar (o donde más solemos fallar) porque realmente lo consideramos clave para evitar muchos disgutos profesionales.
El post expresa uno de los principales motivos por el que somos clientes de Periferia.
Hemos comprobado que la calidad (=efectividad, etc.) de un diseño exige cuidar el diálogo y la reflexión común antes, durante y después del diseño “en sí”. Creo que sin este ingrediente es muy fácil que el cliente se sienta insatisfecho (incomprendido), pagando por un diseño mal alineado con sus objetivos.
Para nosotros esta actitud / metodología de la que habla el post es más una necesidad que un simple “valor añadido”.
Gracias por el comentario. Nos alegra saber que más allá de la teoría se percibe la voluntad de poner en práctica esos argumentos.
Totalmente de acuerdo, si no conoces lo que vas a comunicar todo queda insulso y sin consisténcia, con mensajes equívocos y que pueden dañar mucho el proyecto; a lo que el cliente tampoco recibe nada de lo que pidió: la comunicación gráfica de su producto.