Archive for the ‘Comunicación Global’ Category

Las Canciones Malditas de Kaka de Luxe

Viernes, Agosto 27th, 2010

O LA CAPACIDAD DE ABSORVER DE LA CULTURA DOMINANTE

Los sellos Vinilissimo y Munster han recuparado Las Canciones Malditas, el único LP de Kaka de Luxe (Olvido Gara, Nacho Canut, Fernando Márquez, Enrique Sierra y Carlos Berlanga), publicado por El Fantasma del Paraíso en 1983, Y no es por capricho que lo mencionamos en este blog. Estas canciones significaron un puñado de cosas, entre otras la introducción de las nuevas tendencias que azotaban las calles de medio mundo y que, en suelo patrio, acarrearían el nacimiento de  nueva estética que evolucionaría hacia los grupos de que conformarian buena parte de la escena Pop. De Kaka de Luxe nacerían Radio Futura o Alaska y los Pegamoides, que aparecerían en TVE con La Bola de Cristal. Así, también, Las Canciones Malditas se convierten en un claro ejemplo de cómo las anhelos de las clases subalternas, o underground, se pasan a ser absorbidos por la cultura dominante. Pero este es otro tema.

El Embrión
Como todo el mundo sabe, cuando todavía no eran Kaka de Luxe, el grupo se empapaban de todo lo nuevo que venía del Reino Unido, donde se gestaba veloz toda una corriente anti-sitema, del que los Sex Pistols serian un eminente ejemplo. Plasmaban la nueva actitud las 11 canciones del LP: Toca el pito, Viva el metro, La pluma eléctrica, Pero que público más tonto tengo, Pero me aburro, La tentación, Pondré mil voltios en tu lengua, La alegrí­a de vivir, Borracho no se puede conducir, ¿Y porque no?, Música para embrollar.

de_luxe

Todas las críticas coinciden en que no sabían tocar, ni cantar, pero que canalizaron las ganas de divertirse, de acabar con la rigidez y  la censura de la época tardo-franquista, de buena parte de la juventud, esto, hacer estallar y burlarse de la cultura establecida. La misma portada del álbum rebosa intenciones: tipografía a lo The Adicts inclasificable, de colores muy vivos, enmarcando las siluetas negras de los miembros del grupo, y al fondo, cuadro oscuro emulando las meninas de Velázquez. Toma ya.

La creación artística como reflejo de la sociedad
Nuestros ancestros de posguerra vibraban la canción de La Vaca Lechera, de Jacabo Morcillo, al conectar directamente con su hambruna. A finales de los años 70, el estado español se escapaba del hambre endémica y de una dictadura que había reprimido cualquier halo de libertad. Los años 70 también fueron de crisis económica mundial (no en vano también nacían otras corrientes anti-sistema como el hip hop. El punk caló fuerte en la juventud española, con unos niveles alarmantes de paro y deseosa de reírse de la vieja dictadura y de los señoritos representantes de la vieja oligarquía. A final de los 80, en plena época industrial y superada la crisis, el tecno respondía a una sociedad, demasiado feliz para melodías o palabrería, y que quiere divertirse porque sí. (Periferia tiene su representante en el sello Regular Label). También hacia ahí evolucionarían más tarde Olvido Gara y Nacho Canut, con Fangoria.

El punk, La Vaca Lechera, o el tecno  demuestran que hay algo maravilloso que conecta la música con el resto del mundo, que es la creación como expresión artística el reflejo de una época. Funcionaría como en el triángulo relacional comentado en un post anterior, pero al revés: la sociedad (cliente) demanda (aunque ella no sea consciente) y los diseñadores (creadores) lo interpretan, y venden el producto a través de un comercial (digamos que el propio disco).

Algunas críticas.
La Fonoteca
POTQ
Culturas. La Vanguardia: KK DE LUXE
Las canciones malditas
de Munster records.

El Embrión
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El triángulo del diseño æfectivo

Martes, Julio 27th, 2010

Cuando te dedicas durante un tiempo al campo de la comunicación visual acabas por descubrir que existen diferentes discursos dentro del proceso de diseño. En realidad puede haber tantos discursos como personas implicadas. En Periferia, para resumir, solemos reducirlos a tres, que conceptualmente asociamos con cada una de las esquinas de un triángulo.

Sin entrar en los aspectos anteriores a la llegada de un proyecto a la mesa, cuya causalidad puede deberse a innumerables factores, nos centramos en el momento en el que el triángulo se configura: hay un cliente interesado en realizar un proyecto, hay una figura de relación con el cliente a la que llamamos comercial (podría llamarse también gestor de diseño, gestor de cuentas, etc.) y la figura del diseñador.

El triángulo nos permite visualizar fácilmente esta relación a tres bandas, en la que cada parte se relaciona con las otras dos, mediante diferentes discursos, que suponen diferentes objetivos relacionales y diferentes expectativas.

triangle

La orientación que le hemos dado al gráfico no es aleatoria. El proceso de relación resulta más natural de izquierda a derecha, y de arriba hacia abajo. El cliente establece un diálogo, que puede comenzar a una banda (cliente-comercial), o a dos (cliente-comercial, y cliente-diseñador), según el funcionamiento de la agencia/estudio.

El cliente, sea consciente de ello o no, para eso están los buenos briefings, establece un discurso estratégico con el comercial, en el que quedan definidos los objetivos comerciales o la repercusión deseada de la acción que quiere realizar. Esta fase podría resumirse, informalmente, con la expresión: ¿Qué hay que hacer?, o también, ¿Para conseguir qué?

Cuando el comercial traspasa estas necesidades al responsable de diseño, el discurso se convierte en una estrategia de comunicación, donde lo importante es perfilar el conjunto de acciones destinadas a conseguir los objetivos comerciales. Supone el momento de la ingeniería, hablando en términos de comunicación. En este punto, tomamos los objetivos estratégicos como base, pero pasamos a centrarnos en lo siguiente: ¿Cómo lo conseguimos? ¿Qué alternativas podemos ofrecer? En función del tipo de proyecto, o el tipo de cliente, el comercial puede compartir estas cuestiones con el cliente, o simplemente tomar la decisión con el responsable de diseño y pasar a la fase de producción.

Puestos de acuerdo, comercial y diseñador, se establece la última fase, que supone un retorno hacia el cliente. En este punto, el diseñador produce las soluciones que hacen visibles la estrategia de comunicación. Es el proceso de diseño que el cliente entiende más habitualmente como el corazón del proyecto, aunque realmente suponga su fase final. Es un momento clave, porque se enfrenta a dos expectativas muy poderosas relacionadas con el proyecto: las expectativas del cliente, muchas veces subjetivas, e inevitablemente sujetas a su propia opinión personal, y la efectividad de dicha soluciones respecto a los objetivos comerciales. En otras palabras: las soluciones de diseño deben cumplir los requisitos consensuados a nivel comercial, pero también deben complacer al cliente en un plano más emocional. En este punto suelen sobrar las palabras y todo suele reducirse al “me gusta-no me gusta” o el más agraciado “funciona-no funciona”, donde es difícil separar la opinión de una objetiva efectividad.

En el corazón de esta relación triangular tenemos el proceso de diseño, el verdadero proyecto. Las energías fluyen a su alrededor, a veces de manera recíprocra, a veces en una sola dirección, a veces hacia atrás y hacia adelante. Sólo cuando esa energía queda equilibrada en el punto central, donde todos los actores del proceso ven cumplidos los objetivos, podemos considerarlo exitoso y concluido.

Comunicarnos antes de Diseñar

Miércoles, Abril 28th, 2010

graphe

A los que nos dedicamos a esto del diseño nos contratan para que resolvamos discursos e ideas mediante lenguaje visual. Coloquialmente hablando, eso suele significar que nuestros clientes quieren que generemos gráficos atractivos que permitan perseguir objetivos comerciales, canalizar deseos y expresar intenciones. Se da por hecho que debemos “dibujar” bien, entender como mínimo las bases que rigen el lenguaje visual y generar soluciones mediante las diversas herramientas de diseño presentes en el mercado.

La pregunta que lanzo es ¿se da también por hecho que somos buenos comunicadores? O mejor dicho ¿es suficiente con “dibujar bien” o nuestra labor como diseñadores debería llevar implícito un conocimiento sobre comunicación más global?

La etimología de la palabra “gráfico” deriva del vocablo griego “graphé”, que significa “escritura”. La grafía es el modo de escribir o representar visualmente los sonidos. Como sufijo (-grafía) significa descripción, tratado, escritura o representación gráfica. De esta manera, remitiéndonos al orígen del concepto, los gráficos tienen como objetivo traducir nuestra comunicación oral (primero) y representación escrita (después).
Como diseñadores gráficos no podemos abstraernos de la idea de que, antes de proyectar un elemento visual, debemos conocer lo mejor posible los mecanismos del lenguaje, como herramienta humana global. Empezando por los gestos, pasando por el lenguaje escrito y modulándose después a través de las cada vez más variadas disciplinas gráficas.
Toda este reflexión viene a tenor de que uno de los puntos críticos a los que nos enfrentamos cada día es el hecho de tener que gestionar eficazmente la comunicacion “no-gráfica”, con nuestros clientes y colaboradores. Nos damos cuenta de que hay que dedicar una porción cada vez mayor de nuestro tiempo a planificar, explicar y sugerir en las fases previas al trabajo gráfico.
Esto no sólo tiene que ver con la relación con nuestros clientes, en la que suele intervenir un briefing, sino a la comunicación entre el propio equipo creativo, o incluso con uno mismo, en el caso del diseñador autónomo. Articular bien nuestros objetivos y nuestro discurso, planificar y proyectar son actitudes que no deberían resultar prescindibles en ningún caso. Un diseño puede tener sus fallos y seguir comunicando ideas. Pero si el discurso de fondo falla, la acción de diseño perderá todo sentido.

no-grafica

¿Qué hábitos y herramientas podemos integrar para mejorar esos procesos de comunicación previa?

  • Briefing: los diseñadores hablamos mucho de briefings, pero ¿cómo los utilizamos? El briefing no es un trámite para tomar nota de lo que pide el cliente, sino el espacio de diálogo donde se cuece el discurso al que debemos dar forma. Cuanto más corramos para acabar este punto, más lentos iremos en el proceso de diseño, así que merece la pena prestarle espacio suficiente.
  • Reflexiones post-briefing: Una vez hacemos el briefing con nuestro cliente, toca leerlo y revisarlo, antes de ponerse a trabajar. Es la fase donde el equipo creativo comparte sus impresiones y siempre aparecen nuevas preguntas y lagunas. Merece la pena tener previsto este espacio de tiempo en el que el diseñador reflexiona sobre la información recibida y puede sugerir nuevas preguntas y replanteamientos. Esto nos permite crear el conocido contra-briefing, en el que volvemos a hablar con el cliente. Habitualmente el cliente suele agradecer mucho esta parte del proceso, ya que evidencia que el diseñador o la agencia están realmente involucrados e interesados en aportar valor al proyecto.
  • Valoración de propuestas: Vale, nos hemos puesto de acuerdo con nuestro cliente en lo que queremos comunicar y pasamos la fase de generar material gráfico. A veces olvidamos que muchos clientes no tienen el mismo vocabulario gráfico que nosotros y nos frustramos ante sus reacciones a nuestro trabajo. Pero es vital mirar más allá y detectar qué es lo que el cliente quiere decirnos y qué necesita aportar. Es interesante habilitar canales o herramientas cómodas que permitan al cliente intervenir directamente: a veces basta con tener un canal como Skype o Messenger abierto, para dialogar; otras veces podemos trabajar en base a un PDF en el que ir insertando notas compartidas; incluso podemos usar Google Docs para compartir un documento del proceso creativo. Lo cierto es que cada día disponemos de más canales para hacer estas gestiones, muchos de ellos gratuitos.
  • Contrastar resultados con objetivos: Esto puede ser tan formal como una memoria, en la que el diseñador/estudio justifica el porque de las decisiones de diseño adoptadas, o tan informal como una conversación telefónica. Pero es interesante que cliente y equipo de diseño afirmen su conformidad y vean justificadas las decisiones adoptadas en relación a los objetivos. Tras la acción realizada será el momento de valorar en qué medida se cumplieron los objetivos, para reformular lo que haga falta en futuros proyectos.

Como puede verse, el diseño gráfico, entendido como el trabajo técnico-visual, sólo es una parte de lo que acabamos de comentar. Una parte muy importante, claro, pero sólo una condensación de todo el esfuerzo realizado durante el diálogo entre los diferentes interventores en el proceso de diseño. No cabe duda que trabajar constantemente en la mejora de nuestra comunicación “no-gráfica” sólo puede aportar valor a nuestro trabajo, hacerlo más efectivo y ayudarnos a establecer relaciones sólidas con nuestros clientes.